viernes, 5 de septiembre de 2008

Un bundo de Fantasía y de color: Azul

Describir los colores de niño me daba muchos disgustos, las palabras no acababan de decir lo que sentía y esas cosas terminan por hacer que tengas una rabieta, sobre todo con los mayores.
Cuando me preguntaban cual era mi color favorito respondía que el azul. Unas veces sonreían diciendo que claro, al ser un niño es lo normal, otras que qué machista. Los adultos no solemos preguntar razones a los niños, preferimos poner nuestras palabras a sus razones, y claro al ver cómo empezaban a decir mamarrachadas yo me sentía muy frustrado. Alguna vez me preguntaron y me pilló tan a contrapié que respondí porque era el color del mar y del cielo, por desgracia no supe cómo decir que me gustabaverlo cambiar del añil a un celeste que quema los ojos, que cuando el azul del mar está oscuro y brillante se puede nadar mejor, y otras mil cosas más que te decía el Azul.

  • El cielo. Vale es azul, pero no siempre se veía el mismo azul. Había un azul que quemaba la vista y que daba alegría, el de Alicante e Ibiza, cuando había ese azul los colores eran mucho más vivos, hasta me olvidaba del calor y parecía que lo pudieras tocar. En Galicia en cambio era un poco más oscuro, profundo y casi siempre manchado por unas rayas blancas aquí y allá. En Madrid estaba un poco sucio, con un tono verdoso en algunos momentos, y siempre había algo en medio estorbando, sólo me gustaba verlo desde El parque del Oeste, porque se veía la sierra como en los cuadros de Velázquez.
    Como era muy dormilón pocas veces veía cómo cambiaba el cielo de azul casi nego a azul celeste, el recuerdo más intenso fue en un barco de Palma A Barcelona, apenas pude dormir mirando el cielo estrellado, ningún sitio mejor que mar abierto para ver las estrellas, y se me hizo de día. Podía ver como una parte del cielo era casi negra y a la otra parte había empezado a aparecer un azul muy oscuro, que poco a poco se iba desplazando hacia arriba, y diluyéndose en un color más claro. Estuve una semana con las acuarelas intentando reproducir la gradación. Mis padres se preocuparon un poco por esos colores tan siniestros.
    Nunca tuve muy claro cómo era que al atardecer se volvía rojo, también pintarrajeé hasta la extenuación para intentar comprenderlo

  • El mar. Si el cielo tenía mil azules, que hasta te decían que tiempo iba a hacer, el mar decía muchas más cosas, y tenía más tonos, aunque no lo pareciera a primera vista.
    El azul turquesa, del Mediterráneo y de algunos días especialmente calmos y en unas pocas playas de A costa da Morte. Con este sabes que no necesitarás sumergirte para ver hasta el fondo. Un par de veces mi primo y yo casi nos ahogamos intentando llegar al fondo en uno de esos azules, pues el agua del mar es como una lupa, y cuando esta tan clara no mides la distancia. Es un azul traicionero, pues no te indica la corriente ni la distancia.
    Hay otro turquesa, un poco más turbio, lleva espuma y hay olas, por debajo es como el cristal de las botellas de gaseosa. Cuando una ola rompe ves la arena del fondo azulada y sabes que tienes que salir corriendo. Con este sabes que hay que tener cuidado.
    A medida que se aleja de la costa, el azul se va haciendo más oscuro, llegando al azul marino. Cuando la gradación se hace brusca hay mar de fondo y el agua está más fría. De hecho en las zonas donde el azul es más oscuro el agua está más fría, en verano era una ventaja saber esto. Pero con cuidado de no alejarse, porque allí hay más corriente.
    Unas veces brilla más que otras, y cuando el azul es más mate hay que ir pensando en irse a casa porque se está levantando el viento.
    Los días de galerna el mar era grisáceo, se mezclaban el azul, el gris y un poco de verde en un color extraño. Las olas al romper eran azul celeste por dentro, y blanco por fuera, como si el mar se hubiera tragado el cielo y vomitara las nubes por encima de las calles. Una vez lo vi pasando por encima de un instituto.
    A veces era un poco verdoso, y en la playa veías espuma amarilla en las olas, era la arena que había cogido del fondo, mezclada con algas. Entonces ni los viejos que siempre se bañaban hiciera frío o calor ni se acercaban al agua. Un día que el mar estaba así me explicaron lo que era la resaca, y también aprendí algo de la muerte, que era azul.
    El mar está negro por las noches, al anochecer el sol se iba diluyendo en el agua, se veía cómo el rojo se iba escurriendo por la superficie del agua y los colores se van apagando. Con el sonido de las olas parecía como si chisporroteara al apagarse.
    También se puso negro cuando el Urquiola se hundió, y el Andros Patria en Cayón, olía mal y te daba sensación de tristeza pues parecía que estaba enfermo, se movía raro. Esas fueron mis primeras mareas negras, pero por desgracia no las últimas.
    Un día me dijeron que el mar era azul porque reflejaba el cielo, lo que no me razonaron era porqué no era el mismo azul, y la explicación no me pareció de fiar. Pero me fui fijando y vi que el color del cielo y el del mar estaban relacionados. Más bien era que el mar sumaba el color del cielo al suyo, y que las olas lo mezclaban. O algo así, tampoco era tan importante saberlo cuando una ola estaba a punto de caerte encima.


La chica de la que andaba enamoriscado tenía los ojos azules, y me encantaba hablar con ella y mirárselos. Creo que pensaba que era un poco tonto.

Ahora se que si hubiera podido contarle estas cosas a los mayores, seguro que seguirían sin entenderme y seguirían diciendo que me gustaba el azul porque era un niño, porque el machismo y esas cosas. Las personas al hacernos mayores nos vamos haciendo sordas, y nos entrenamos para la auténtica sordera con los niños. Entonces no lo sabía, y me pillaba unos cabreos del copón, ahora me los pillo al ver que soy uno de ellos y escucho lo que quiero.

3 comentarios:

CaO dijo...

No sabía por qué el mar era azul. Y tampoco sabía que el cielo y el mar pudiesen tener tantos azules diferentes dentro de ellos. Y ni me imaginaba que la muerte también fuese azul. Tendré más cuidado con este color desde ahora en adelante. Me lo pensaré dos veces antes de tomármelo a la ligera.

Abrazo

Fonsito dijo...

Los esquimales tienen 11 nombres distintos para el blanco, cosas de convivir con el hielo. Lo curioso es que nunca pensáramos en que nombres ponerle a los azules, llamábamos al mar con los nombres de los mayores.
La mar da y quita a su antojo, y aunque a veces no basta con respetarla, casi siempre trata bien a quienes la respetan. Eche o que hay ;), tampoco es para preocuparse de mas.

POSICIONAMIENTO WEB dijo...

Un articulo excelente. Cuantas cosas de chicos se nos pasan por la cabeza y ya grandes hasta nos causan gracia, pero cuantos niños nos plantan a veces realidades que salen de sus bocas y nos quedamos impactados.. por ello es muy real lo que dices.
Muy bello relato.. Sigue asi..